divendres, 10 d’octubre de 2008

LA PROMESA

Hace cuatro horas han llamado a casa para avisarnos que te estabas muriendo. No he tenido que esforzarme para no llorar... ya hace años que no me quedan lágrimas. Ella ha llorado.... yo no podía. Sólo he agarrado tu mano, fria, claveteada por las agujas. Sólo una promesa: lucharé hasta el final, no se saldran con la suya. Lo haré por tí, hasta el final, sin concesiones, sin piedad, sin perdón. Todos ellos han contribuido a que tu estés aquí, ahora, entre la vida y la muerte. La mentira, la envidia, la mala sangre, los intereses personales de otros te han provocado una tensión que te ha llevado a esta situación. Mientras veía tu lenta, pausada y entrecortada respiración, he recordado todos los momentos vividos juntos y mientras agarraba tu mano he recordado cuando iba cogido de ella para no caerme, cuando empezaba a caminar. Esa mano robusta, fuerte y, sin embargo amable, segura, noble... esa mano que estrechabas con fuerza, "como hacen los hombres" decías. "No confies nunca en quien no te estrecha la mano con fuerza y de forma franca. Tampoco su carácter es fuerte y franco".

Muchas horas a tu lado... esperando. Esperando un desenlace...esperando ....esperando. Haciéndo de tripas corazón y pensando en el ayer, en el hoy, en el mañana.

De pronto, una abnea larga... muy larga. Al cabo de un rato vuelves a respirar. Por suerte tienes un corazón potente, fuerte a la par que noble, grande y desprendido. Capaz de dar amor y cariño a los que te rodeamos. Nuestra fuerza es tu corazón.

Sólo te pido una cosa: continúa respirando, haz un último esfuerzo.... no nos dejes. Sé que lucharás hasta el final, siempre lo has hecho y es lo que me has enseñado a hacer. A defender lo que crees, pese a quien pese, por encima de todo. Vive... tienes que ver cómo acaba esto y tienes que ver como reluce la verdad.

Lo siento.... no puedo escribir más, es de madrugada pero no puedo dormir. Puede que lo retome más allá... cuando pueda... cuando tenga ánimo.

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